la letra sin sangre entra

Blog de libros y literatura escrito por Francisco Herrera

29 agosto 2006

 

Fernado Pessoa en persona

La superficialidad en la erudición es el mejor modo de leer bien y ser profundo dice Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libros, en el ya clásico Livro do Desassossego. Lo que Fernando Pessoa quiso transmitirnos aquí no está del todo claro. ¿Debemos dejar de un lado la fijación filológica y el apunte a pie de página para ser mejores lectores? ¿o sólo una ligera pátina de ilustración nos ayudará a entender mejor el texto? Lo que aquí se enfrentan son dos formas de leer tan diametralmente opuestas que casi podríamos decir que son dos actos intelectuales distintos. Si nos acercamos a un libro con todo el andamiaje de la erudición los comentaristas nos irán llevando a su terreno. Por el contrario, leer sin las anteojeras del aparato filológico-histórico nos permite descifrar el texto casi de una forma virginal. Pero también es verdad que esto último es imposible, porque siempre están nuestras lecturas anteriores, nuestros prejuicios, el mundo que nos rodea, que influyen también en el acto de la lectura. Solución salomónica: antes de leer, consulte con su médico o farmacéutico.

14 agosto 2006

 

Volutas de verano

Hace unos días David Grossman, Amos Oz y Abraham Yehoshua le pidieron al gobierno israelí que buscara una salida diplomática a la guerra en el Líbano. El sábado por la tarde murió Uri Grossman, hijo del primero, en un ataque con misiles de Hezbola.

Toda la vida levantando la bandera de la moral y ahora Günther Grass nos sale con que estuvo en las Waffen-SS. Eso sí, sin disparar ni un tiro. Como cuando Bill Clinton dijo que una vez se fumó un porro pero no se tragó el humo.

Los periódicos de agosto no sólo adelgazan físicamente, es que encima parecen escritos por tiernos infantes en su tiempo libre del Kindergarden. Por favor, prohiban la publicación de diarios de pago en agosto.

Volutas de verano.

09 agosto 2006

 

El culo de Joaquín Sabina y las témporas de Fernando León

Hay una expresión castiza que nos avisa de que no se debe confundir el culo con las témporas. Pues, eso es lo que le pasa al comprometidísimo y realsocialísimo Fernado León cuando nos catequiza (como acostumbra a hacer con su propia escritura fílmica): Sabina es un músico, pero sobre todo es un gran escritor. Uno de los mejores poetas y narradores que tenemos. Que les den el Cervantes ex aequo ya.

Por desgracia es muy común que la gente confunda a un gran autor con un escritorzuelo ingenioso. Las estrategias del primero funcionan como cargas de profundidad, silenciosas, pero que acaban haciendo saltar por los aires la conciencia del más pintado. Por el contrario, el segundo lanza sus fuegos artificiales para después dejarnos con la impresión de que no queda nada, sólo tópicos, clichés manoseados y pura labia. Que cada uno elija la opción que más le interese.

08 agosto 2006

 

Boris Vian toujours

Hay autores que tienen con uno una querencia especial. Se te pegan a las suelas de los zapatos como los chicles en verano. La comparación, que tiene su algo de desagradable, se me ocurre al tropezar con los libros de Boris Vian que se me van quedando, cada vez más ajados, entre las baldas. Vian fue el primer autor al que perseguí de forma casi detectivesca por las librerías de una ciudad que se llama a sí misma universitaria pero que más bien era zoquete y pacata. Espero, por su bien, que ya no lo sea. El caso es que gracias al francés pasé ratos estupendos obviando el frío y la monotonía de mi primer curso en la facultad. Y cada vez que me recomendaban un artículo de fonética o un estudio de concordancias medievales, yo me echaba al coleto El otoño en Pekín o La hierba roja. Curiosamente, desde entonces los pequeños volúmenes de Bruguera han ido cogiendo humedad y moho sin que nadie les eche ni siquiera una mirada. Pero Vian no se lo merece. Para algo es el mejor hijo patafísico de Alfred Jarry, el heredero que nos hizo bailar sobre las tumbas de los demás. Es curioso que en Francia lo recuerden sobre todo por una canción, Le deserteur (Monsieur le président, je vous fais une lettre...), y en España por otra, más prosaica, basada en una versión entre naïf y lisérgica de la licantropía. Una cosa es segura: hay que volver a Boris Vian, aunque no haga frío ni me zumben en el oído las diferencias diatópicas, diastráticas y diafásicas de la lengua.

04 agosto 2006

 

La casa galdosiana

La metáfora según la cual los clásicos son aquellos a los que uno puede volver como a una casa en la que vivió hace tiempo me parece la más acertada de todas las que he leido. Así me pasa siempre cuando vuelvo a Benito Pérez Galdós, que es sin duda un retorno agradable. Los que lo acusan de desmañado, de vulgar, de zafio (amparándose en la maldad valleinclanesca de apodarlo “el garbancero”) no saben lo que se pierden. Ya no es sólo la riqueza de su lengua, sino sobre todo la facilidad con la que plasma el español hablado, maestría a la que apenas se acerca su discípulo no reconocido Cela. Nada más que por esto ya merecería mejor fortuna en el canon hispánico. ¿Qué autor vivo puede presumir de esta frescura? Casi siempre, cuando uno abre una novela actual tiene la impresión de que los personajes utilizan una lengua de cartón piedra. Y los autores hasta entran en la Academia, con todos los honores.

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