
Mientras la imagen de
Jean Paul Sartre como el gran papa marxista-existencialista que se propuso ser parece extinguirse sin remedio del imaginario cultural, la figura silenciosa de
Albert Camus se va agrandando con el paso de los años. Hay algo de imágenes opuestas entre los dos autores franceses, que el tiempo ha resuelto de forma inmisericorde a favor del segundo. En contraposición con los libros de
Sartre, que se han ido acartonando con el tiempo y a los que la tinta se les ha vuelto plomo en las alas, los escritos de
Camus se hacen más ligeros y conectan mejor con el lector medio del siglo XXI, el que ya nunca llevará jersey de cuello vuelto ni fumará
Gitanes. Todo esto viene a cuento por la lectura del volumen que incluye
Bodas y
El verano, un auténtico banquete del pensamiento más incisivo y de filiación conscientemente mediterránea. Que tome nota
Manuel Vicent y se deje de tantas alcachofas y zarandajas.